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El debate público

Cine: unas buenas otras no

José Woldenberg

Reforma

15/03/2018

 

El jolgorio por los reconocimientos más que merecidos a Guillermo del Toro son una buena excusa para voltear a ver la situación de nuestra cinematografía. Además coincide con la aparición del siempre relevante Anuario Estadístico (ahora el de 2017) que publica el IMCINE.

La producción cinematográfica continúa creciendo. Menciono las cifras de los últimos seis años 2012-2017: 112, 126, 130, 140, 162 y 176 películas respectivamente. Lejos, muy lejos, de aquellos años en los que daba la impresión que el cine mexicano estaba condenado a la extinción. En 1997 se produjeron 9 films, un año después 11, luego 19, 28, 21 y 14. A partir de 2003 la producción no ha hecho más que crecer. Y ello, se debe, en buena medida, a los estímulos fiscales y al dinero público que el Estado canaliza a través del IMCINE. El número de producciones cien por ciento privadas aumenta a un ritmo mayor que las cintas apoyadas por el Estado, aunque éstas últimas siguen siendo mayoría. Tomo otra vez los últimos seis años: 2012: 70 con apoyo estatal, 42 cien por ciento privadas. Los siguientes años la relación ha sido: 85-41; 94-36; 94-46; 94-68; 96-80 para 2017. Ello significa que en una economía que apenas creció en 2016 al 2.7%, el cine lo hizo al 15.1%. Aunque, claro, eso solo representa el 0.10% del PIB de la economía nacional. No obstante, ello supone que hay más personas, ingresos e impuestos generados por la industria cinematográfica. De tal suerte, que más allá de los resultados de las próximas elecciones valdría la pena continuar con las políticas que han permitido un incremento considerable de la producción.

 La asistencia a los cines sigue creciendo también. Contra los pronósticos de que los DVD, las plataformas, el Internet (antes fue la televisión) irían mermando la asistencia a las salas, ésta sigue incrementándose año con año. 338 millones asistieron a los cines en 2017. Un año antes habían sido 321 y en 2015, 286. 16 mil 142 millones de pesos se recaudaron en taquilla en 2017, 14 mil 808 en 2016 y 13 mil 334 en 2015. Lo cual no suena nada mal. El problema es que la asistencia y los ingresos para las películas mexicanas no parecen crecer con suficiencia y más bien fluctúan dependiendo del éxito de una, dos o tres películas al año. La asistencia para ver cine mexicano dio un salto relevante de 2012 a 2013, de 10.9 millones a 30.1 millones. Eso se debió a dos films: “No se aceptan devoluciones” y “Nosotros los nobles”. A la primera la fueron a ver 15.2 millones de personas y a la segunda 7.1; 22.3 millones entre ambas. Luego la asistencia ha oscilado: 24 millones en 2014, 17.5 en 2015, 30.5 en 2016 y 22.4 en 2017. Eso quiere decir que la cuota de asistencia y de ingresos de las películas mexicanas es precaria. En 2017: solo el 6% de los ingresos y el 7% de los asistentes. En términos porcentuales el mejor año sigue siendo 2013 con el 12% de asistencia e ingreso. En una palabra: el cine que mayoritariamente vemos los mexicanos en México es el hollywoodense. No se trata de construir un muro de nopal, pero quizá sí, ahora que se renegocia el Tratado de Libre Comercio, de estudiar y proponer una “excepción cultural”, es decir, establecer reglas que protejan y fomenten a la exhibición nacional (con cierta cuota) ante la competencia desigual con las cintas norteamericanas.

Vivimos una enorme paradoja: en festivales internacionales al cine nacional no le va nada mal: 103 reconocimientos en 2017. Ello nos habla del atractivo que para audiencias selectas tienen ciertas películas mexicanas. No obstante, la presencia del cine mexicano más allá de nuestras fronteras es muy precaria. En 2017 hubo estrenos en 40 países, pero estás son las cifras: en Argentina 1, Bolivia 6, Brasil 3, Chile 1, Colombia 14, Costa Rica 13, Ecuador 2, El Salvador 11, Guatemala 10. No sigo con América Latina. En Estados Unidos fueron 10 y en España 13. Parece que en los países apuntados y otros de lengua hispana, existe un mercado potencial que no se explota con suficiencia. Cierto, la competencia con los productos de Hollywood no es sencilla, pero el intercambio cultural con los países de nuestra misma lengua o con los que tienen grandes comunidades de mexicanos parece famélico. ¿No sería conveniente crear una distribuidora internacional?

Creo que la próxima semana le seguiré.