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El debate público

Contra el terrorismo

Raúl Trejo Delarbre

La Crónica

09/10/2023

El terrorismo busca dominar a través del miedo. Su violencia armada, la despliega especialmente contra personas indefensas. Habitualmente apuntalado en el fanatismo político, el nacionalismo extremo y/o el fundamentalismo religioso, el terrorismo pretende imponer una concepción del mundo excluyendo, sin acuerdos posibles, a todas las demás.

Hamás, autor del ataque de este fin de semana en contra de Israel, es un grupo terrorista. Ha asesinado a personas inermes: niños, mujeres, ancianos, familias enteras, muertos con intencional crueldad. Eso es terrorismo.

El conflicto entre Israel y Palestina es tan antiguo como enmarañadamente complejo, saturado de afrentas mutuas; allí nadie tiene toda la razón. Pero ningún agravio previo justifica el terrorismo. Condenar la violencia y llamar al diálogo está muy bien. Pero negarse a señalar el terrorismo de Hamás, como al menos en los primeros días de esta nueva fase del conflicto ha hecho el gobierno mexicano, significa rehusarse a distinguir entre agresores, y agredidos.

El buenismo de la no intervención, que es la coartada del presidente López Obrador para eludir su responsabilidad ante las crisis internacionales, desconoce el escenario en donde México, en virtud de la globalización, se encuentra inevitablemente situado. Cerrar los ojos, como en la práctica hacen la Cancillería y el gobierno mexicanos, es una forma de complicidad con la violencia. Eso ha significado la pasividad de López Obrador ante la invasión de Rusia contra Ucrania. Eso implica hoy la endeble posición ante la nueva tragedia en Medio Oriente.

Los excesos del gobierno de Benjamín Netanyahu han sido indefendibles. Su afán para concentrar un poder por encima de contreapesos legales, lo ha enfrentado con instituciones como la Corte Suprema y las universidades en Israel. Cualquier parecido con circunstancias menos lejanas, no es casualidad. El autoritarismo populista puede ser de derechas, o pretenderse de izquierdas, pero abomina la diversidad. Pero por muy indeseable que sea, esa política excluyente no legitima la agresión que han sufrido los israelíes.

La costumbre de López Obrador para mirar hacia otro lado cuando hay problemas, le ha ganado a la política exterior mexicana el beneplácito de los autoritarios. Vladimir Putin celebra esa actitud. Ahora en México, igual que hace año y medio hubo quienes disculparon la intervención en Ucrania y aplaudieron al autócrata ruso, hay quienes creen que el terrorismo de Hamás expresa el sufrimiento del pueblo palestino.

El terror de Hamás afecta, antes que nada, a los palestinos. Ese grupo está enfrentado con la Autoridad Nacional Palestina y, ahora, las represalias de Israel significarán más sufrimiento y muerte, especialmente en la Franja de Gaza. La violencia de Hamás retrasará por años los avances para que, merced al ejercicio de la política, haya una situación menos inestable en esa zona.

El propósito de los agresores que entraron a Israel ha sido diezmar a la población civil. El terrorismo se ensaña con personas desprotegidas para intensificar el miedo. La exhibición de las víctimas, que causa natural horror e indignación, exacerbará el encono.

El terrorismo es una de las expresiones más drásticas de la antipolítica. Por eso hay que reprobarlo, donde quiera que se produzca. Un gobierno apocado, que se niega a condenar crímenes como los del terrorismo, se margina de la diplomacia internacional y traiciona la solidaridad necesaria entre los pueblos.

Quienes hoy intentan justificar el terrorismo contra el pueblo de Israel se mimetizan con los bárbaros y defienden, a sabiendas o no, el fanatismo criminal.

Hasta este domingo por la tarde, en México sólo una de las dos (pre) candidatas presidenciales había condenado de manera expresa las acciones del grupo terrorista Hamás. La otra, seguía aislada en otra realidad.

ALACENA: La extinción de Notimex

Este lunes, la huelga en Notimex cumple 1327 días. No es verdad que haya terminado. El martes 3 de octubre, en la Secretaría de Gobernación, los representantes del sindicato firmaron un “primer acuerdo de entendimiento” con una ruta para resolver un conflicto que nunca debió haber estallado y que llega a 3 años y casi 9 meses.

Los trabajadores de Notimex se fueron a la huelga el 21 de febrero de 2020 para defenderse de docenas de despidos, injustificados e ilegales, ordenados por la directora de esa agencia. La señora Sanjuana Martínez quiso prescindir del trabajo profesional de los redactores y reporteros de Notimex, los amedrentó e impulsó un sindicato blanco y, como no pudo controlarlos, optó por los despidos que condujeron a la huelga.

El catastrófico desempeño de Martínez, que no será recordada como periodista sino por haber aniquilado una agencia de noticias y que desacató requerimientos de las autoridades laborales para que dialogara con el sindicato, ha propiciado que la huelga sea inusitadamente prolongada. Esa conducta, que ha erosionado hasta la aniquilación a una empresa del Estado y ha agraviado a sus trabajadores, no habría sido posible sin el respaldo del presidente López Obrador.

La hoy Secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, auspició el convenio aunque ya no es secretaria del Trabajo. Más irregular fue la participación, en ese acuerdo, de Jesús Ramírez, el vocero de la Presidencia, que no tiene atribuciones legales sobre Notimex porque es una agencia del Estado y no del gobierno.

Según ese acuerdo, el presidente debe enviar al Congreso un Decreto que declarará la extinción de Notimex y establecerá la indemnización de sus trabajadores con todas las prestaciones que indica la Ley. Será inadmisible que, a estas alturas, el gobierno quiera regatear esas liquidaciones, o que se demore el proceso de extinción de la agencia.

Notimex nació en agosto de 1968. Tuvo etapas brillantes, cuando fue conducida con criterios periodísticos y no para que fuera instrumento de propaganda del gobierno. En junio de 2006 adquirió la calidad de agencia estatal, con autonomía relativa respecto del gobierno, pero sin una política de comunicación del Estado de la que pudiera participar. Hace varios años que, en la práctica, estaba extinta, no a consecuencia de una decisión legal sino de la indolencia del actual gobierno. Pero todavía hoy, cerca de cien de sus trabajadores siguen en huelga.