Categorías
El debate público

¿Subir salario y debilitar las finanzas del Estado?

 

 

 

Ricardo Becerra

La Crónica

30/09/2018

 

Puedo apostar con todos ustedes. Preguntemos a un economista conservador, ortodoxo, sobre el problema que crea más relevante: baja productividad, crecimiento lento, infraestructuras ruinosas, la educación pública. Sea el que sea y para el propósito que sea, la respuesta de nuestro economista —apuesto— será la misma: bajar los impuestos y desregular; establecer incentivos adecuados y desencadenar así, la magia de las fuerzas del mercado. En eso consiste su sabiduría (más recientemente, unos cuantos kilos de estado de derecho).

El mundo y la sociedad no admiten tal reducción, por supuesto, pero la ortodoxia, los comentaristas a prueba de grandes recesiones, siguen repitiendo lo mismo y se mantienen incólumes. Y de ellos abrevan muchas personas importantes, empresarios, legisladores, incluso políticos de izquierda: ninguna política económica es plausible sin bajar impuestos y desregular.

Hemos escuchado a nuestro Presidente Electo proponer para la frontera norte un aumento del salario mínimo al doble, a cambio de una reducción del ISR  (20 por ciento) y del IVA (8 por ciento). ¿Lo ven? Nada es imaginable sin bajar impuestos. El problema es que los grandes programas sociales que el propio López Obrador impulsa, están exigiendo un gasto público mayor y las pérdidas que causaría la reducción norteña rondan los 51 y 55 mil millones por IVA y entre 32 y 49 mil millones por ISR (estimaciones ciep.mx/ar77). Nada despreciables ¿verdad? Una quinta parte de lo que necesita el reordenamiento presupuestal de la cuarta transformación.

Luego, Ricardo Ahued, senador por Morena, dio a conocer un paquete de medidas para crear un subsidio-incentivo que permita incrementar el salario mínimo. En esta propuesta las empresas podrían deducir el mismo incremento contra el ISR y también contra el IVA. ¿De verdad, todos los caminos nos conducen a la Roma de los impuestos menguantes? En otras palabras ¿para subir salarios, hay que debilitar las finanzas del Estado mexicano?

En modo alguno. Todas las experiencias de ascenso del salario mínimo que han llegado a buen puerto en el siglo XXI entendieron dos cosas: se trata de corregir una falla en el mercado (salarios extremadamente bajos); y se trata de colocar un nuevo piso (decente) en las negociaciones laborales de los trabajadores más débiles y pobres, frente a sus patrones. Punto.

Ni Uruguay ni Perú ni Colombia ni Alemania, Japón, Inglaterra o Nueva York, han mezclado los impuestos (política fiscal) con los sueldos (la política salarial). Precisamente por eso, esa política es tan recomendable y socialmente importante: porque es quirúrgica, corrige una distorsión en su propio terreno.

Ya escucho las objeciones: los patrones no podrán absorber el aumento, despedirán empleados, podrán ir a bancarrota y se generará inflación.

Aquí es donde la cantidad del aumento cobra relevancia. Si duplicas de un plumazo los salarios mínimos, en efecto, causarás desequilibrios mayores dentro de las empresas y en la economía. Pero las experiencia muestra que un aumento del salario mínimo bien elaborado, discutido, respaldado por estudio, evidencia y monitoreado a través del tiempo por instancias imparciales, hacen viable un alza significativa en el salario mínimo.

La conclusión de casi todos los estudios modernos es que el ascenso del salario mínimo tiene todo el sentido del mundo a condición de que: 1) su aumento sea moderado; 2) su trayecto sea sostenido en el tiempo y 3) se fijen metas y sea monitoreado.

Si se llevara el salario mínimo arriba de la canasta alimentaria para dos personas (102 pesos, algo indiscutible y razonable) las empresas mexicanas podrían absorberlo, puesto que los salarios, en ningún caso, representan más del 30 por ciento del conjunto de las ganancias (según censos económicos del INEGI).

Pero incluso la propia empresa puede redistribuir los costos del aumento disminuyendo otros gastos (como los de entrenamiento); una reorganización de su establecimiento; retendrá más tiempo a los trabajadores experimentados; puede no aumentar en la misma proporción a los trabajadores de mayor salario y por supuesto, también puede optar por disminuir los márgenes de los beneficios. Una muestra inequívoca del renovado compromiso de la empresa con su deshilachado país.

Sería un acto de justicia, luego de tres décadas y media de aplastamiento salarial; una muestra de que México sí intentará correcciones esenciales en la política económica; un importante acto redistributivo en el momento más desigual de nuestra historia.

Nos separan 14 pesos para emprender un nuevo curso (sin debilitar al Estado). Una señal económica de que quizás, tenemos remedio.