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El debate público

El #sismo en las redes

 

 

 

 

 

 

Raúl Trejo Delarbre

La Crónica

16/10/2017

No sólo las calles fueron ocupadas por los ciudadanos inmediatamente después del sismo del 19 de septiembre. También las avenidas digitales, por donde circulan los mensajes de Twitter, Facebook, Instagram y otras redes, estuvieron colmadas de personas, fundamentalmente jóvenes, que se enlazaron para facilitar las tareas de acopio, rescate y solidaridad.

A diferencia del terremoto del 7 de septiembre, que golpeó zonas rurales y apartadas de las telecomunicaciones, el del día 19 ocurrió en el profusamente interconectado centro del país. En la Ciudad de México, aunque estuvo suspendida hasta por varias horas, Internet funcionó más rápido que otros canales de comunicación. Saturadas o maltrechas, las líneas telefónicas respondieron con desesperante lentitud. La falta de energía eléctrica impedía el acceso a la televisión y la radio que, una vez resuelta esa dificultad, tuvieron enormes audiencias. La opción para millones de personas fue la comunicación por Internet que no sólo sirvió para enterarse de sus familiares y amigos sino, muy pronto, para aquilatar las dimensiones de la tragedia y reaccionar a ella.

La arquitectura de Internet, integrada por redes descentralizadas, favoreció la articulación de grupos de ayuda y rescate. Con una flexibilidad que no tienen las instituciones, sometidas a mandos verticales, confundidas ante la carencia de protocolos claros y en algunos casos perjudicadas por los daños en edificios oficiales, las redes sociodigitales fueron utilizadas con rapidez e intuición por parte de millones de usuarios.

En pocas horas hubo un aprendizaje colectivo, similar al que tenían en las calles los noveles rescatistas. En las redes se reflejó la confusión de las primeras horas. Había millares de llamados, alertas e, inevitablemente, informaciones contradictorias. Pronto, desde la misma tarde del martes 19 de septiembre, la información se fue clarificando y ordenando. Ese y el siguiente día no sólo hacía falta comunicar peticiones específicas (víveres, herramientas y brazos para utilizarlas) sino además se avisaba en dónde se experimentaban más urgencias y a dónde ya no hacía falta apoyo porque había sitios saturados de voluntarios y utensilios. Desde el miércoles 20 por la mañana, por ejemplo, fue preciso subrayar la tragedia que se vivía en San Gregorio y otros poblados en Xochimilco, o en Iztapalapa, lejos de las colonias de clase media en la CdMx. Horas más tarde se avisaba que a tales sitios estaba llegando demasiada gente y que era preciso reorientar esa ayuda.

Por toda la ciudad se multiplicaron sitios de acopio, anunciados en mensajes de Twitter e invitaciones en Facebook. negocios e instituciones que ofrecían apoyo (restaurantes, hoteles, hospitales, laboratorios) emplearon sus cuentas institucionales. Avisos en medio del caos urbano (“no salgan en automóvil”, “dejen pasar a las ambulancias”) se alternaron con mensajes de solidaridad que invitaban a reunir recursos (como el video que los futbolistas Chicharito Hernández y Miguel Layún pusieron en línea el 20 de septiembre a las 13:17 en busca de donaciones con la llamad “Iniciativa @YoXMex”).

Desde la noche del martes 19 y con más eficacia los dos días siguientes, surgieron iniciativas en línea para organizar la información disponible. El tráfico de mensajes con perentorios requerimientos de ayuda, al lado de una variopinta y voluntariosa oferta de colaboración y servicios, se estaba convirtiendo en un estruendoso bullicio digital en cuyo vértigo era casi inevitable quedar atrapado. Algunos internautas, a partir de los datos que encontraban en las redes, comenzaron a elaborar listas de edificaciones siniestradas y de albergues. El sitio www.desaparecidos-sismo.mx abrió una lista de personas que no habían sido encontradas con referencias a la fuente de información de cada nombre.

A partir del miércoles 20, en Google Maps se publican datos de sitios con daños y sitios que requieren ayuda en CdMx, Morelos, Puebla, Estado de México, Oaxaca y Chiapas. Ese día el servicio Waze, que muestra opciones de tránsito en una aplicación para celulares, coloca en sus mapas centros de acopio, albergues y zonas de riesgo

El mismo martes 19 es creada en Twitter la cuenta @comoayudarmx que casi cuatro semanas más tarde tenía 17100 seguidores y que funciona como un tablero de avisos para enlazar demanda con oferta con motivo del sismo. @Brigadas19S y @juntossismocdmx, creadas la tarde del miércoles 20, sumaron 1600 y 8500 seguidores, respectivamente, y vincularon a centenares de personas que querían participar en tareas de rescate.

Poco a poco, la información es más especializada y mejor cotejada. Los sitios infosismomx.wordpress.com y sismomexico.org. ofrecieron bases de datos con información de oferta y necesidades de ayuda. Poco después una de las urgencias mayores fue el diagnóstico especializado de cada edificio o casa con daños. La coordinación de arquitectos e ingenieros con aptitud para revisar y determinar la situación de cada inmueble fue emprendida por los creadores de www.salvatucasa.mx que crearon una herramienta digital para enlazar especialistas incluso radicados fuera del país que, en un primer momento, hicieron evaluaciones a partir de fotografías enviadas por los interesados.

A pesar de esos esfuerzos para organizar la copiosa información que circulaba por las redes y de la buena fe de la mayoría de los usuarios, había versiones falsas que desde las primeras horas entorpecieron tareas de apoyo al rescate y acentuaron la desazón de quienes convivían con la tragedia. Abiertas a todas las expresiones, las redes sociodigitales propalaron mentiras como la versión de que en breve había “un enorme megaterremoto”. Por muy absurdo que resultase, ese embuste sin sustento científico alguno fue esparcido en el contexto de incertidumbre y miedo que afectaba a la sociedad.

Las redes sociodigitales nos acercan y enlazan a los hechos más diversos, conducen información instantánea, permiten alertar y organizar. Sometidos al tráfico incesante de informaciones imperiosas y agobiados por la situación de urgencia, somos más proclives a tomar como ciertas versiones que no están comprobadas. En tal situación, eran o parecían verosímiles informaciones que a la postre resultaron faltas y que aseguraban, el miércoles 20, que los edificios de Insurgentes 300 y el Plaza Condesa estaba a punto de desplomarse, o la versión de fracturas en el segundo piso del Periférico. Incluso hubo quienes creyeron que el día 21 habría una prueba de la alerta sísmica. Confusión e información, entremezcladas, acentuaban el desasosiego.

Ante las versiones fraudulentas los medios de comunicación (que no estuvieron a salvo de equivocaciones) y las autoridades, reaccionaron con sentido común explicando que no había que creer todo lo que se decía. Sin embargo la insuficiente credibilidad de las fuentes oficiales y la tentación de un segmento de la sociedad para anteponer la suspicacia no obstante la emergencia, diluyeron el efecto de esas advertencias. Desde el martes 19, a las 17:11, el secretario de Gobernación, conocido en Twitter como @osoriochong, exhortó: “Por favor NO generen y NO crean en rumores. Estén atentos a información de cuentas oficiales y de las autoridades”. Menos de dos horas después la cuenta @SEGOB_mx, tuiteó: “En contingencia, analiza y verifica la información que consumes evita difundir RUMORES. Mantén la calma recuerda que #PrevenirEsVivir”.

En ese panorama de versiones encontradas y algunas de plano falsas, el grupo @Verificado19s que comenzó a trabajar poco después del sismo pero cuya cuenta en Twitter, que tiene 35500 seguidores, data del sábado 23 de septiembre, constituyó una opción independiente, confiable y expedita para que los ciudadanos tuvieran información segura. Convocados por el Centro Cultural Horizontal, miembros de dos docenas de organizaciones sociales crearon ese sistema para reunir y corroborar informaciones acerca de la emergencia, las peticiones y las posibilidades de respuesta en torno a ella.

#Verificado19s se convirtió, de inmediato, en el sello que acompañó a la información fidedigna en torno al sismo. Más de 500 personas, en calles y oficinas, procesaron más de 20 mil datos en los diez días posteriores al terremoto, según la información que proporciona ese colectivo. Esa y otras experiencias confirman que en la Red, lo mismo que en la sociedad, pueden circular las versiones más disparatadas y aviesas pero allí mismo surgen las aclaraciones y revisiones que ponen a los hechos en su lugar.

Hoy en día ninguna situación de emergencia puede ser enfrentada sin  el empleo de las redes digitales. Sin embargo no parece que las previsiones de los gobiernos federal y locales tomen en cuenta la capacidad de propagación, explicación y movilización que pueden articular esos espacios abiertos a la expresión de los ciudadanos. Las redes sociodigitales, en este como en casos anteriores, no crearon la movilización social pero la facilitaron. Gracias a ellas, además, cada  ciudadano que tuiteaba o enviaba mensajes acerca de su participación en tareas de rescate y acopio construía su propia identidad en conjunción con otros muchos. A diferencia de la sociedad de masas que hemos conocido hasta ahora, en las redes digitales hay individuos con nombres, selfies y apellidos que no se diluyen en la multitud pero que forman parte de ella.