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El debate público

La vacunación que nos espera

Ricardo Becerra

La Crónica

10/01/2021

Si nos atenemos al “Documento Rector” que guiará el proceso de vacunación en México, podemos estar seguros que, la pandemia seguirá perturbando y definiendo nuestras vidas más allá del 2021. El texto presentado en diciembre pasado por las autoridades sanitarias (Política Nacional de Vacunación contra el Sars-CoV-2 https://bit.ly/39isFtK) tiene la virtud de ser sencillo, entendible pero con pocos compromisos mensurables y se otorga a sí mismo, un espacio de maniobra y de error demasiado ancho pues va, de 25 a 96.7 millones de dosis para aplicar este año (un rango de 390 por ciento, más-menos). En realidad, iniciamos el proceso decisivo en un océano de incertidumbre que nos coloca ante la posibilidad de insuficiencia crónica incluso hasta el año 2022.

Es cierto que México tiene abierta una ventanilla de acceso a distintos desarrollos de los fármacos, pero no tiene y no tendrá, lotes millonarios de vacunas a disposición por vez, tal y como si lo tienen Canadá, Israel, Estados Unidos, Gran Bretaña o China. En nuestro caso, como en tantos otros países, los cargamentos de vacunas estarán desempacando poco a poco, bajo un ritmo exasperante que además no podemos conocer. Tendremos vacunas a la mexicana: como se vaya pudiendo. 

El documento lo dice así: “Los beneficios se midieron considerando tres diferentes escenarios de acuerdo con la disponibilidad de vacunas: a) 25 millones de personas-vacunas; b) 50 millones, y; c) cobertura universal, 75 por ciento de la población”, lo que en términos absolutos quiere decir, 96.7 millones de personas.

Como quiera que sea, esto representa el mayor esfuerzo sanitario que haya desplegado México jamás y no podrá ser instrumentado por un solo organismo ni una sola institución. El centralismo y la concentración de tareas son el primer obstáculo a remover.

Regresamos al documento: “De acuerdo con la información…  preliminar por parte de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el calendario de entrega descrito indica que entre diciembre de 2020 y diciembre de 2021 se recibirán por negociación directa suficientes dosis para inmunizar 17.2 millones de personas con la vacuna de Pfizer/BioNTech, 35 millones con la vacuna CanSinoBio y 30.8 millones con la de AstraZeneca, con un total de 90.9 de mexicanas y mexicanos inmunizadas” (advertimos que estas cifras no son consistentes, la suma de las dotaciones no suman 90.9, solo señalemos el error por ahora). Y continúa: “…se suman 25.8 millones de dosis mediante el mecanismo COVAX, con un total máximo de 116.7 millones de personas vacunadas en México en un período máximo de 18 meses”.

Estos son los compromisos medibles que propone el propio gobierno. Pero lo que se presenta como una buena noticia, en realidad se torna una quimera inasible si se hacen cuentas sencillas. El escenario casi ideal -contar efectivamente con 90.9 millones de vacunas este año- exige la aplicación de 165 mil 875 dosis diarias durante los próximos 548 días (año y medio). Así y desde el inicio, la estrategia gubernamental se parapeta en un imposible que, por eso mismo, debe ser corregido y redefinido lo más pronto posible. Engañar al público no es opción.

Por eso presentamos un breve contraste de un documento extraordinariamente útil que la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el año pasado y redactado por el Grupo Estratégico Asesor de Expertos en Inmunización, SAGE por sus siglas en inglés (https://tinyurl.com/y5fv6362).

Tal comparación puede servir para mejorar el plan del gobierno federal (que reconoce la importancia del documento de la OMS, aunque lo recupera de modo incompleto e inconexo). Por eso mismo -creemos- resulta de provecho que la opinión pública mexicana conozca las principales recomendaciones internacionales.

  1. El proceso de vacunación es de naturaleza eminentemente local. Ningún organismo o actor estatal o privado será capaz de llevar por sí sólo todo el proceso. Por eso la OMS recomienda llevar el despliegue operativo al nivel de la microplaneación y sugiere la puesta en marcha de mecanismos de coordinación intergubernamental y entre niveles de gobierno. La vacunación es una oportunidad para rehabilitar al Consejo de Salubridad General y alcanzar un acuerdo razonable entre los gobernadores y el poder federal. Se trata, no de una misión de gobierno, sino de toda la República, con asignación de responsabilidades y metas claras.
  2. La vacunación solo podrá desarrollarse en un contexto de confianza, claridad, legitimidad pública y política. El acuerdo y el diálogo son indispensables. La rapidez operativa y la aceptación de la vacuna entre la población es un factor crítico.
  3. El proceso debe ser ininterrumpido con el propósito firme de agotar los stocks disponibles de vacunas tan pronto sea posible. Almacenar vacunas es un contrasentido sanitario. La consigna es proteger cuanto antes al mayor número de personas. Aunque la OMS reconoce que este es un debate que divide a los expertos, sus recomendaciones se decantan a favor de la mayor vacunación en el menor tiempo posible, criterio pertinente en el caso de las vacunas que requieren dos dosis… la segunda parte puede esperar algunos meses dejando protegido, mientras tanto, a una mayor cantidad de individuos. La necesidad de esta medida la explican los propios números: llegar a aplicar 50 millones de vacunas este año, por ejemplo, implica el suministro de 138 mil 888 dosis diarias, un estándar que ni siquiera el estado más eficiente hasta ahora (Israel) puede siquiera imaginar. Moraleja: si cuentas con una vacuna, aplícala ya.
  4. La OMS considera que la fase 1 debe aspirar -estratégicamente- a inmunizar al 20 por ciento de la población (los médicos y los más vulnerables del país). Este umbral es crítico para establecer el antes y el después de lo más grave de la crisis sanitaria y la agencia internacional lo ubica, en un arco de medio año.
  5. Hay que aspirar a una vacunación con nombres y apellidos, es decir mantener un seguimiento estricto y un monitoreo riguroso de los datos sanitarios, no solo por razones de control, sino sobre todo para otorgar garantías a los vacunados, pues en el futuro próximo, su vacunación será un requisito exigible en el pasaporte, viajes al interior, solicitud de empleo, acceso a servicios, escuelas, etcétera.
  6. Moralizar a la primera línea de batalla. La estrategia debe garantizar antes que nadie que doctoras, doctores, enfermeras, personal de apoyo y de logística queden vacunados antes de la mitad del invierno. Es decir, antes de que sobrevengan las consecuencias de la peor etapa.
  7. Aspirar a un nivel de vacunación razonable (para el tamaño del problema y el tamaño del país). Si nos proponemos llegar solo a la mitad de la aplicación ideal, México requeriría unas 69 mil 444 dosis al día, lo que significa la velocidad media que el país debe alcanzar si su propósito es la contención del crecimiento de la pandemia en diciembre de 2021. Subrayamos: solo la contención, no su solución. Sin embargo, el Documento Rector, se plantea una meta mucho menor: 5 mil 555 dosis diarias, es decir menos del 10 por ciento de un objetivo de por si insuficiente. Lo confiesa así el gobierno: “Idealmente, y para tener la mejor oportunidad, se deberán aplicar las 250 mil dosis de esta primera etapa en 45 días. Esto permitirá? contar con un ejercicio de aprendizaje, capacitación y adaptación de la estrategia antes de que lleguen el resto de las vacunas.” Dicho con sus letras, el ritmo de vacunación que se propone es demasiado pequeño, inadmisible, más en la primera etapa, porque es la más sencilla, se trata sobre todo, de aplicar al personal médico, informado, ubicable y concentrado en hospitales y clínicas.
  8. Aprovechar enero (el comienzo de la primera fase) para la formación en gran escala del personal humano (enfermeras especialmente) que ejecutará la vacunación y para garantizar los insumos indispensables de los que dependen las dosis. Este no es un requisito trivial.
  9. La OMS es enfática: no desplazar el gasto de otros servicios primarios para cubrir la vacunación. Restar dinero a otros programas para alcanzar la inmunidad sería un error: cavar un hoyo para tapar otro.
  10. Finalmente, la planeación de esta vacunación de emergencia, en condiciones como las mexicanas debe contemplar un horizonte de dos a tres años. No hay magia, milagros ni atajos. Será un proceso largo, una “adaptación social” lleno de imprevistos, errores y aprendizaje en los que, insistimos, ningún actor podrá desarrollarlo solo.

En resumen: las metas del Documento Rector no se corresponden con los ritmos de vacunación propuestos y el alcance de los objetivos se prestan a una discrecionalidad oceánica (se puede vacunar a 25, 50 o a 96 millones, dentro de la misma “planeación”). El verdadero objetivo es el ritmo sostenido de la aplicación: con modestia y realismo, pero con un esfuerzo nunca antes desplegado, 69 mil 444 aplicaciones diarias. Ese es el objetivo y el indicador de que las cosas van por buen camino 

Necesitamos una vacunación con sentido práctico y con sentido de la urgencia. Mientras más tardemos en comprender las directrices aquí resumidas y que se desprenden de la experiencia mundial, más enfermedad, más muerte y más dolor seguirán entre nosotros durante este 2021 que, con máximos epidémicos, apenas comienza.